jueves, 7 de abril de 2011

La educación llega a las comunidades más aisladas

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A pesar de los problemas de acceso, las carencias edilicias y la falta de personal, los docentes en zonas remotas sacan a relucir su vocación y llevan adelante el milagro de enseñar.

Todos los días Andrea viaja más de 70 kilómetros y atraviesa la Cordillera para dar clase en Tierra del Fuego. María Ivone hace lo propio, pero en la otra punta del país, en Jujuy. Ambas son directoras de escuelas que se encuentran en sitios remotos, aisladas de todo, y asumen el desafío de enseñar a pesar de las dificultades.
La ruralidad de una escuela se determina cuando se encuentra en una localidad de hasta 2000 habitantes. Según el Ministerio de Educación de la Nación, la educación rural reúne cerca de 39% de las escuelas en el nivel nacional, pero sólo representan el 10% de la matrícula total del país (excluyendo el nivel superior no universitario).
Estas escuelas tienen una serie de características y problemáticas que les son propias: mayor incidencia de la pobreza, alta proporción de población no escolarizada, menor tradición escolar y falta de infraestructura. Pero también hay que sumar las limitaciones que impone la dispersión poblacional.
Mirando el vaso medio lleno, lo cierto es que este tipo de educación también es más personalizada y ofrece satisfacciones para los maestros. "Los chicos son más sanos de mente, están ávidos por aprender, les gusta ir a la escuela", afirma María Ivone, como una de las principales diferencias que ella encontró este año al llegar a la Escuela N° 53 Dr. Marcelino Vargas, de La Ciénaga, Jujuy. También destaca la gran valoración que tienen por los docentes. "Un maestro se siente con muchas más ganas de enseñar", sostiene.
Todos los días viaja durante una hora en colectivo, unos 80 kilómetros desde la capital provincial, y luego toma un remise junto a los otros maestros de la zona para llegar. Allí, ella no sólo tiene la responsabilidad de llevar adelante la escuela, a la que asisten 22 chicos, sino que además es la maestra de 5°, 6° y 7° grado.
Lleva 24 años en la docencia y se presentó a un concurso de antecedentes para ocupar el cargo de directora. Quizá su motivación sea familiar -"mis padres eran directores de una escuela rural", recuerda-, pero lo cierto es que su pasión se reconoce en el entusiasmo que transmite su voz al hablar de la escuela y sus chicos, que vienen de las localidades cercanas, como El Patacal, Chalala y otros pueblos de Purmamarca.
Allí está acompañada por dos maestras más, Juana Lance, que tiene a su cargo de 1° a 4° grado, y María Ester Cari, que enseña a todos actividades prácticas. El equipo se completa con una portera, una cocinera y un ayudante, con quienes sirven a los chicos el desayuno y el almuerzo.
Si bien en la escuela todavía hay muchas cosas por hacer, María Ivone destaca: "El edificio está en buenas condiciones y los chicos, bien alimentados", dos aspectos primordiales a la hora de enseñar, aunque como la escuela es sólo primaria, trabajan fuerte en la motivación para que sigan estudiando en el secundario del pueblo.

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