LA EVALUACIÓN DE PROGRAMAS Y PROYECTOS: UN VIEJO TEMA EN UN DEBATE NUEVO
Edith Litwin
¿Evaluar programas o evaluar proyectos?
Los proyectos suelen ser propuestas de acción de carácter experimental. Consolidan acciones encuadradas en una meta a alcanzar susceptibles de ser modificadas. Un proyecto responde o esconde, según los casos, una concepción del hombre y del mundo; está determinado por una propuesta política en términos de proyección social y, en los proyectos educativos contiene además una concepción de enseñanza y de aprendizaje. Por su carácter experimental, por ser propuesta de trabajo que intenta brindar respuesta a metas, por sus posibilidades de modificarse en los cursos de acción, la evaluación es una nota distintiva de cualquier proyecto. Se evalúa globalmente un proyecto y se lo evalúa en sus aspectos particulares. Se suele hablar hoy de la evaluación de impacto que no es otra cosa que el reconocimiento de algún aspecto sustantivo que se generó a partir de la implementación del proyecto.
Los programas, en cambio, suelen pasar por períodos de legitimación y evaluación de carácter global en tanto fueron proyectos, pero finalmente, tanto por sus resultados como por decisiones políticas, se consolidan. Entendemos por evaluación global aquélla que intenta dar una respuesta que nos permita asumir una decisión respecto del proyecto en su totalidad. Sirve o no sirve, vale o no vale. Son evaluaciones conducentes a tomas de decisiones binarias. Se pone en juego la consecución de la propuesta.
Evaluar proyectos de manera global y particular es condición para su continuidad; evaluar globalmente programas tiene escaso sentido dado que no está en juego su continuidad en tanto son parte de políticas sociales consolidadas. En estos casos, evaluarlos implica la búsqueda de los cambios que se suceden y no fueron previstos, el reconocimiento de áreas en conflicto, efectos no buscados fruto de situaciones cambiantes, etcétera. Evaluar programas no consolida lo consolidado, sino que debería ser parte de la rutina de trabajo que implica una mirada reflexiva y crítica que acompaña a todos nuestros actos profesionales. Se deberían generar prácticas evaluativas constantes acompañando las acciones de distinto tipo que se desarrollan en el seno de los programas.
Evaluar programas o evaluar proyectos no se diferencian sutilmente. Son diferentes en término de objetivos, porque responden a propósitos distintos y por lo tanto se diferencian también metodológicamente dado que el objeto y los problemas que se intentan resolver determinan acciones diferentes. ¿Cuál es el sentido, entonces, de realizar evaluaciones globales en torno a programas? Desde una perspectiva teórica, ninguno. El sentido de estas evaluaciones debería buscarse fuera de una práctica evaluativa. En general se suelen determinar por condicionantes políticos surgidos de cambios en las relaciones de poder.
Importa, entonces, analizar esta cuestión desde una perspectiva ético política, a fin de entender la cuestión en toda su complejidad.
LA CALIDAD DE LOS PROGRAMAS DE EVALUACIÓN Y DE LOS INSTRUMENTOS QUE LOS INTEGRAN
Alicia R. W. de Camilloni
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